exhibiciones 

Virginia Sánchez:
Tornado

15/10/2016 - 15/11/2016

Tornado

 

El Expresionismo Abstracto nació en una determinada coordenada histórica. Movido por la sed de experimentación de ciertos artistas dentro del territorio de la pintura, buscó siempre expandir sus límites conceptuales y formales, generando un infinito campo de trabajo trascendiendo sus propias fronteras. Es así que aún hoy en base a nuevas propuestas, usos de lenguaje y metodologías, continúa siendo un terreno fértil para la práctica de las nuevas generaciones de pintores.

 

Virginia Sánchez transita por esos parajes, desplegando su apasionado impulso pictórico en búsqueda del siempre escurridizo sentido que involucra el quehacer artístico.

 

Virginia despliega su trabajo a partir de un movimiento impreciso, a modo de tentativas, en pos de un orden y equilibrio en permanente fuga. Su proceder  no es tranquilo ni pacífico, sino más bien parecido a como se podría ir gestando una situación atmosférica extrema.

 

Este proceder genera una extrema tensión entre orden y caos. Cada pincelada luchando con la indómita materia, la paleta de colores intensos que inesperadamente combinan entre si, no hacen más que absorbernos intensamente en su espacio que es fundamentalmente gozoso, en el cual pareciera no ser necesario recurrir a ningún orden absoluto, sino más bien a pequeñas insinuaciones estructurales y otras sutiles formas de organización, que no alcanzan para distraernos de la potencia vivencial.

 

De esta manera la pintora nos muestra una permanente inestabilidad, matriz de una dinámica en acción, que nos da la posibilidad de mirar desde infinitos  puntos de vista, todo fruto de variadas e imbricadas sucesiones de pinceladas en diversas densidades matéricas.

 

Nada está fijo, por lo tanto cada imagen puede ser una y varias a la vez, de modo que nos encontramos frente a un sistema que libera al espectador y seguramente también a la artista, a una multiplicidad de lecturas. Frente  a un cuadro de Virginia uno no se puede quedar quieto, estamos obligados a movernos física y conceptualmente. Son un reflejo de la transformación en sí misma.

 

Todo parece ser parte de un poderoso desplazamiento atmosférico que limpia impiadosamente toda posibilidad de fijación, en el que queda sellada la frescura del hacer, una frescura que todo atraviesa.

 

 

Juan Astica, Octubre, 2016